La lujuria


En el mundo en el que vivimos todo lo que nos rodea está plagado de placeres, como por ejemplo la televisión, el internet o las revistas, por nombrar algunos, muchas veces muestran imágenes con contenido provocativo que incitan nuestra mente al pecado sexual.

Y es precisamente el pecado capital de la lujuria cuando existe un deseo desenfrenado por el placer sexual, que no se conforma con el propósito divino de fomentar el amor mutuo entre un hombre y una mujer para favorecer la procreación.

La lujuria solo busca satisfacer un deseo con posesión y codicia sin medir las consecuencias, en cambio el dogma cristiano busca la abnegación y la vida santa.

En este sentido la lujuria va en contra de la castidad, tanto en la juventud como en la madurez produciendo infidelidad, división entre parejas y enfermedades venéreas.

En este pecado el placer sexual está por encima de Dios, lo que puede arrastrar a cometer otros actos pecaminosos como lo son la pornografía, sexo homosexual y el adulterio.

¿Cómo nos podemos librar del pecado capital de la lujuria?

Es importante no apartarse de la gracia que Dios nos ofrece, por ello en este tipo de pecado, y para evitar caer en los siete pecados capitales, se debe practicar la castidad significa guardarse para él.

La castidad tanto en la etapa de noviazgo como durante el matrimonio conlleva a la fidelidad y felicidad, para ello hay que colocar límites, tanto dentro de la pareja como a la misma sociedad, que muchas veces por sus convicciones impulsa al pecado.

Dentro de una pareja se pueden buscar medios para evitar la tentación, desarrollando virtudes como la paciencia y la comprensión se consigue la castidad, que es la felicidad conyugal de la mano de Dios.

El pecado sexual también se puede liberar con la oración y la confesión, con temor y temblor ante Dios seremos salvados.

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